¿Te despiertas con la nariz tapada, estornudas constantemente o sientes picor en los ojos aunque no haya polen? Muchas personas normalizan estos síntomas, pero en realidad podrían estar causados por una alergia a los ácaros del polvo doméstico, uno de los alérgenos de interior más frecuentes.
En este artículo te explicamos cómo diferenciar la alergia al polvo de la alergia a los ácaros, qué síntomas son más característicos y cómo confirmarlo con pruebas fiables.
Diferencia entre alergia al polvo y alergia a los ácaros
El polvo doméstico es una mezcla de muchas partículas. Sin embargo, los principales responsables de las alergias respiratorias persistentes son los ácaros del polvo, especialmente Dermatophagoides pteronyssinus y Dermatophagoides farinae.
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Alergia al polvo genérico: reacción a partículas variadas como caspa, pelo de mascotas, moho o fibras textiles. Los síntomas suelen ser más irregulares y pueden variar según la estación.
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Alergia a los ácaros: respuesta específica a las proteínas presentes en las heces y restos de los ácaros. Es constante durante todo el año, empeora por la mañana y en ambientes húmedos.
Pista clave: si tus síntomas empeoran al acostarte, al hacer la cama o al sacudir la ropa de cama, es muy probable que el origen sean los ácaros y no el polvo inespecífico.
Síntomas típicos de la alergia a los ácaros
Los ácaros afectan principalmente a las vías respiratorias, aunque también pueden provocar síntomas cutáneos en personas sensibles.
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Rinitis alérgica: estornudos en ráfaga, nariz congestionada o con mucosidad, picor en nariz, garganta o paladar.
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Conjuntivitis alérgica: ojos rojos, llorosos y con picor intenso.
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Asma alérgica: tos nocturna, sensación de pecho cerrado o dificultad para respirar, especialmente al dormir.
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Piel: en algunos casos, dermatitis atópica o urticaria por contacto.
Un patrón muy habitual es que los síntomas empeoren en casa, sobre todo en el dormitorio, y mejoren al salir al exterior o durante las vacaciones.
Pruebas para confirmar si eres alérgico a los ácaros
La única forma fiable de saberlo es mediante pruebas diagnósticas realizadas por un alergólogo.
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Prick test (prueba cutánea): se aplican extractos de alérgenos en la piel del antebrazo y se pincha ligeramente. El resultado se obtiene en unos 15 minutos. Una roncha indica positividad.
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Análisis de sangre (IgE específica): mide los anticuerpos frente a ácaros en sangre. Es útil si tomas antihistamínicos o tienes problemas de piel.
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Prueba de provocación nasal: se utiliza en casos concretos para confirmar el diagnóstico reproduciendo los síntomas en consulta.
No te fíes solo del autodiagnóstico: un resfriado crónico, una sinusitis o una rinitis no alérgica pueden confundirse fácilmente.
Qué hacer si sospechas alergia a los ácaros
Paso 1: Consulta médica
Pide cita con un alergólogo para realizar las pruebas necesarias. Puedes acudir a tu centro de salud para derivación o buscar un especialista cercano.
Paso 2: Medidas preventivas en casa
Mientras esperas el diagnóstico, estas medidas pueden ayudarte a reducir la carga de ácaros:
- Usar fundas antiácaros transpirables en colchón, almohadas y edredón.
- Lavar la ropa de cama a 60 °C al menos una vez por semana.
- Aspirar con filtro HEPA y reducir alfombras o moquetas.
- Mantener la humedad ambiental por debajo del 50 %.
Paso 3: Tratamientos disponibles
- Antihistamínicos y corticoides nasales para controlar los síntomas.
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Inmunoterapia (vacunas sublinguales o inyectables) para desensibilizarse a largo plazo.
Con un enfoque integral, muchas personas logran reducir sus síntomas hasta en un 80 % y mejorar notablemente su calidad de vida.
¿Necesitas recomendaciones de productos o más información? Consulta siempre con tu médico o alergólogo.
Contenido informativo revisado por profesionales sanitarios. No sustituye el diagnóstico médico.